
Este fin de semana, Carlos Arias, de 36 años, agredió a Anahí Pino, de 23 años, y asesinó a su hija Bakari, de 3 años, en Villa La Angostura, Neuquén.
Anahí logró escapar por una ventana y pedir ayuda a un vecino. El femicida permanece internado bajo custodia policial luego de intentar suicidarse tras cometer el crimen.
Lo que ocurrió con Bakari no es un hecho aislado ni un “drama familiar”. Es violencia machista. Es violencia vicaria.
La violencia vicaria utiliza a lxs hijxs para dañar a las mujeres. Amenazas, hostigamiento, control, manipulación e impedimento de los vínculos son algunas de las formas que puede tomar. También puede llegar al asesinato de lxs hijxs. Son femicidios vinculados.
Lxs niñxs también son víctimas de la violencia machista. No son daños colaterales ni parte de un conflicto entre personas adultas. En lo que va del año, relevamos al menos 200 víctimas fatales de violencia de género en nuestro país. 20 de ellas fueron víctimas de femicidios vinculados.
Para prevenir estas violencias hacen falta políticas públicas, recursos y equipos especializados que puedan detectar los riesgos y proteger a las mujeres y a las infancias.
Sin embargo, el gobierno de Javier Milei viene desmantelando esas políticas con perspectiva de género, recortando recursos y debilitando las herramientas para prevenir y asistir frente a las violencias por motivos de género.
Mientras tanto, la violencia machista recrudece y las mujeres y las infancias quedan cada vez más desprotegidas. El Estado es responsable.