
Una niña de 10 años escribió un pedido de ayuda en el baño de una escuela de San Juan. La niña ya fue identificada y la Justicia investiga lo sucedido.
Hay algo que esta historia vuelve a poner en evidencia: las violencias sexuales contra las infancias no desaparecen porque dejemos de hablar de ellas.
Muchas veces se sostienen en el silencio. En el miedo. En la vergüenza. En silencios que el abuso necesita para poder sostenerse. Y ahí la ESI rompe algo fundamental: el secreto. Enseña que hay cosas que no tienen que callarse. Que nadie puede tocar nuestro cuerpo sin consentimiento. Que si algo nos incomoda o nos hace daño, podemos contarlo. Que pedir ayuda no está mal. Que la culpa nunca es de quien atraviesa una situación de violencia.
Por eso resulta tan grave que, mientras una niña encuentra una pared de baño como lugar para pedir ayuda, haya quienes quieren sacar la ESI de las escuelas y un Estado que, desde desde que asumió Milei, viene desfinanciando las políticas que la sostienen.
No es una contradicción menor. ¿Qué quieren que suceda con los abusos en la infancia? ¿Qué sigan siendo secretos? ¿Qué las niñas no tengan palabras para nombrar lo que les pasa? ¿Qué la escuela deje de ser un lugar seguro donde puedan encontrar información, escucha y herramientas para pedir ayuda?
La ESI no provoca las violencias. La ESI permite reconocerlas. Y desfinanciarla también es una decisión política.
No queremos que las niñas tengan que escribir un pedido de auxilio en una pared para ser escuchadas. Queremos que sepan que pueden hablar. Queremos adultxs que sepan escuchar. Queremos escuelas con ESI, con recursos y con equipos para acompañar.
Porque cuando el silencio protege al abusador, hablar también es una forma de romper el poder.
La ESI rompe secretos. Desfinanciarla también tiene consecuencias.
BASTA DE ABUSOS EN LAS INFANCIAS.
EL ESTADO ES RESPONSABLE