
Un 29 de abril de 1936 nacía en Avellaneda Alejandra Pizarnik, una de las voces más intensas y singulares de la poesía latinoamericana.
Su escritura —breve, filosa, despojada— se mueve entre lo onírico y la precisión extrema del lenguaje. En libros como Árbol de Diana, la palabra no explica: explora. La soledad, el deseo, el miedo y la muerte aparecen como zonas donde el lenguaje se tensa, se rompe y vuelve a empezar.
Murió en 1972, a los 36 años. Su obra, sin embargo, sigue diciendo lo que muchas veces no puede decirse.
“Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas…”
LA CARENCIA
“Pero creo que mi soledad debería tener alas.”